Regresamos en el tiempo, cómo era vivir en Ocotal hace casi un...

Regresamos en el tiempo, cómo era vivir en Ocotal hace casi un siglo

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En otros tiempos estas eran las afueras del pueblo, se nota la calle de piedras. Foto: A. Malespín.

Regresamos el tiempo hasta década de 1930. En Ocotal todos se conocían. El pueblo apenas tenía unas 200 casas que albergan a unos mil habitantes.

En aquella época, según el historiador Jorge Calderón Gutiérrez,  la gente acostumbraba merendar antes de cenar y lo hacía con rellenas de frijoles, o de arroz, chorizo o huevos.

“Salíamos de mi casa y llegábamos hasta donde don Juan Marín, y de allí se caminaba una cuadra y  media, donde está el supermercado más por menos, en este punto estaba la Loma del Carmen y allí terminaba Ocotal”, recuerda don Jorge.

TODO SEGURIDAD

Otra rutina era el alto pino, de acuerdo con el historiador.  ¿Y qué era? “Bueno íbamos  de mi casa dos cuadras hacia el este, donde está Radio Mogotón, y luego dos cuadras hacia el norte, allí estaba el alto pino, en la casa de Yoyo Olivas, el que hacía trompos”, comenta. Ese  era otro punto donde terminada el pueblo.

Así se divertían. Además todo era seguro.  Las casas  no estaban tan enrejadas como hoy día y se podía andar con tranquilidad por todo el municipio.

Muchos jóvenes aprovechaban el río Coco para mostrar sus destrezas de nadadores. El río además era exquisito en su flora y fauna, “los garrobos, por ejemplo, abundaban”, recuerdan algunos pobladores, que superan los 70 años.

Estudiar fuera de Ocotal, era otra de las aventuras. Los ocotaleanos que cursaban la secundaria debían viajar varios días para llegar a su destino.

EL VIAJE “ETERNO”

Don Jorge recuerda que en su caso tuvo que viajar a  Diriamba.  En aquel entonces -años 40- para llegar a esa ciudad  tenía que cruzar el río Coco en canoa.

“Las bestias pasaban el río nadando y ya al otro lado las ensillábamos.  No había carros, ni motos, nada de eso, solo caballos”, recalca don Jorge.

El viaje conllevaba cinco días. En el primero llegaban hasta Condega y allí dormían en una pensión. En el segundo  lograban llegar un poquito adelante de Estelí y pasaban la noche en la finca de los Pinell.

Ya en el tercer día avanzaban hasta El Sauce llegando a la pensión de Genaro López,  a tiempo para tomar el tren a León.  “Allí dormíamos  donde doña Pina Pallais”, dice el multifacético ocotaleano.

ESPERADAS VACACIONES

En el cuarto día llegaban hasta Managua y ya en el quinto se enrumbaban a Diriamba, cambiando de tren en Masaya.

“De manera que solo íbamos a Ocotal durante las vacaciones, de las grandes”, aclara don Jorge. Es decir, la que incluía de enero a abril.

Hoy día, todo es más fácil.  Estudiar en Managua o en otra parte del país, lleva menos de un día. Incluso, si se va Tegucigalpa, Honduras, el trayecto incluye menos de cuatro horas. Y claro, Ocotal ya es más poblado, cuenta con más de 30 barrios y más de 40 mil pobladores.  ¿Y el río Coco? Bueno, ya no es el del ayer.

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