Manos de 82 años y un horno de los de antes. ¡Por...

Manos de 82 años y un horno de los de antes. ¡Por esto es riquísimo el pan de Ocotal!

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El rico pan de Ocotal está en manos de doña María Elba. FOTO: A. Aguilera.

Al verla, aflora su fortaleza.  El peso del tiempo parece no haber hecho mella en ella, a pesar de sus desafíos: la  guerra, la pérdida de una  hija, la muerte de su esposo Mateo Olivas,  los retos económicos y la  ardua labor de hacer pan, junto a su familia, los siete días de la semana sin parar ¡durante 40 años!

Hoy doña María Elba Paz dice que el ajetreo “ya no es tan duro como años atrás”, porque tiene dos ayudantes en su quehacer.

“Ahora nos hemos tecnificado, tenemos equipos para hacer el pan.  Sólo nos faltan los hornos, porque son muy caros”, aclara, tras destacar que su panadería es una empresa familiar.

UN PAN CASERO

Pero doña María Elba no deja de asombrar. A  sus 82 años de edad sigue haciendo su pan casero con la misma pasión de cuando empezó en 1977.

Dos veces por semana, con sus ayudantes, da el punto, amasa y horna.  Además ella es la que atiende  a los clientes, al tiempo que lleva la contabilidad de cada bolsa que vende, cuyo precio oscila entre los 30 y 60 córdobas, una ganga, considerando que cada bolsa tiene 10 o más panes de aliño, como las crujientes viscotelas, o roscas bañadas como se le conoce en Managua, las famosas semitas rellenas, los calabazos de miel y las semitas palmeadas.

“Antes (finales de los años 70) cada pieza valía 50 centavos de córdoba, eran otros tiempos, y se vendía más pan en Ocotal”, recuerda.

TODOS LOS PANES DE OCOTAL

Todo el producto, además, se elaboraba con huevos de amor, no de granja.  “Hoy en día hasta la harina es diferente”, comenta. Sin embargo, doña María Elba ha logrado sortear esos cambios, y su pan es uno de los más demandados por los norteños, debido a su textura y buen sabor, manteniendo sus orígenes.

Con ese don, nadie imagina que doña María Elba, antes de hacer, pan fue modista. Siendo la mayor de 12 hermanos, su mamá la escogió para eso.

“Pero en ese entonces uno tenía que poner los materiales, diseñar y costurar y la gente no me pagaba los vestidos. Yo vi eso, y dije: No, mejor hago pan porque a diario voy a ver el dinero”, rememora.

HACER LO QUE A UNO LE GUSTA

Al inicio combinaba con la labor del pan con la costura, haciendo uno o dos vestidos por semana, para no perder la costumbre, pero luego optó solo sus panes.

“Y no me arrepiento.  Mi mamá elaboraba pan y con eso nos crió. Mis hermanas y yo retomamos el quehacer, teniendo otras profesiones, y nos ha ido bien, la comida no nos ha faltado y hemos logrado mandar a nuestros hijos a la escuela, prepararlos, yo me siento satisfecha”, remarca.

Doña María Elba, por eso aconseja a las nuevas generaciones “trabajar y hacerlo en lo que más les guste, para poder salir adelante”.

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