Los valientes

Los valientes

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Al frente, del llamado "ejército loco", Sandino hizo historia en Nicaragua.

Cuando Augusto C. Sandino murió en Managua, aquella noche del 21 de febrero de 1934, se unió al segoviano Rufo Marín, como dos de los hombres que dieron su vida por Nicaragua.

Marín había muerto siete años antes en la “batalla de Ocotal”, lo que provocó profunda tristeza en el Héroe Nacional, que lo consideraba su mano derecha.

En sus relatos, Sandino describió cómo Marín, al mando de su escuadrón principal y, dotado de “un valor temerario”, avanzó hasta el fortín de los marines de Estados Unidos y la Guardia Nacional, quienes lo ahogaron en una “ola de acero que lanzaban las ametralladoras”.

El “general de hombres libres” vivió para ver a los marines desocupar Nicaragua en 1933, y nunca se olvidó del hombre que marcó el camino de los héroes que no se rinden.

“Algún día –en el futuro– Rufo Marín resucitará en mármol, en el sitio mismo donde regó su sangre. Un artista debería labrar los rasgos de belleza varonil y altiva de su gallardísima imagen”, dijo Sandino del heroico segoviano, sin sospechar que él también sería ahogado por una “ola de acero”.

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