Los que piensan que Ocotal queda en el fin del mundo, lo...

Los que piensan que Ocotal queda en el fin del mundo, lo dicen por esto

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Viajar a Ocotal, no es ir al fin del mundo, pero es una experiencia inolvidable. FOTO: A. Aguilera.

Algunos dicen que Ocotal queda en el fin del mundo porque, cuando viajan al pueblo, lo sienten lejos. En realidad, cuando toca tomar el bus es inevitable no recordar la frase, porque  el trayecto conlleva de cuatro horas a un poquito más.

La aventura del viaje inicia con la compra del boleto.  Lo aconsejable es reservarlo o llegar con tiempo a la terminal del Mayoreo, en Managua, para agarrar los primeros asientos, porque es como en los aviones, mientras más al fondo peor. Ya no se diga ir de pie.

La terminal de Managua no es muy cómoda, pero hay asientos para esperar y un televisor para el que no tenga un libro qué leer o carga suficiente en el celular. Igual permanecen vendedores ambulantes de comidas, bebidas y periódicos, todo bajo una seguridad sorprendente.

Hay que estar listo 15 minutos antes, cuando el bus se ubica en la bahía de salida, ya que si bien los asientos están numerados, encontrar un espacio para las maletas es una lucha literal entre pasajeros y vendedores ambulantes.

Ya en el viaje hay cinco opciones: leer, dormir, ve la película de turno o escuchar la música preferida del conductor, que puede ser desde bachata hasta reggeton, salsa, merengue, o la infaltable ranchera, para satisfacer el gusto norteño.

Pero la paciencia debe ser elástica, porque los viajes nunca son expresos pese al cartel, así que si el bus se estaciona a medio camino, por ejemplo en Estelí, aproveche para estirarse y quizá comprar elotes cocidos, porque faltan 90 minutos, tanto como un partido de futbol.

En la recta final no espere que la unidad se vacíe en cada parada, a veces se llena más.  Y cuando el bus empieza frenar y balancearse no se preocupe, sonría, el largo viaje está por terminar, y usted tendrá una experiencia para contar de Ocotal.

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