El río Coco y su otra vida, una que pocos conocen

El río Coco y su otra vida, una que pocos conocen

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Cada día personas de diferentes comunidades bajan al río Coco para llegar a Ocotal, Nueva Segovia, al norte de Nicaragua. Foto: A. Aguilera.

El Río Coco, tiene otra vida en Ocotal, muy poco conocida, pero bastante activa, a pesar de que el afluente está seco.

Desde las 05:06 de la mañana, el río Coco es frecuentado  por decenas de campesinos que provienen de comunidades como El Zapote, Yarage, Aguas Blancas y El Cuyal, con la meta de llegar a Ocotal a comprar alimentos para el mes, o bien para trabajar, o vender granos básicos.

POCO A POCO O EN FAMILIA

Se les encuentra de a poco, algunos lo transitan solos y otros  lo hacen con toda la familia. Como salen de madrugada, van con sus focos, unos descalzos, otros con chinelas de hule, o  con zapatos más aptos para el camino pedregoso, que deben recorrer desde sus comunidades.

Doña Luisa Flérida Mejía, de 75 años,  pasa por el Coco frecuentemente.  “A veces cada ocho días, o al mes, porque vendo maíz en Ocotal y de paso compro para la comida”, cuenta.

Toparse a la gente en el río Coco es más común de lo que parece. Foto: A. Aguilera.

Ella sale de su comunidad desde las 03.00 de la mañana, y pasa por el río Coco como a las 06.00 de la mañana, donde toma un descanso, de unos  cinco minutos, para seguir el trayecto, hasta llegar al mercado viejo  de Ocotal.

Lo increíble de doña Luisa es que camina en total ocho horas, en su ida y vuelta a su comunidad, ¡descalza! A veces desayuna un cafecito con pan, previo a la caminata,  pero esto no es siempre.

Otras mujeres, como Elizabeth Mejía, de El Yarage, llegan al río a las 06:30 de la mañana para estar en el centro de Ocotal antes de las 08.00 de la mañana. Ella trabaja como doméstica y dice que le va muy bien, porque el pago es justo. “Me sale mejor venir, que estar en mi casa”, dice.

Elizabeth, en total se lleva cuatro horas a diario caminando entre su comunidad y el río. Aunque al menos, lo hace en chinelas, no descalza.

DIOS, SEGURIDAD Y SONRISAS

Otros como don Pablo Hernández, pasan tempranito por el río Coco, para evangelizar.  “Para mí no es cansado, ya me acostumbré”, afirma.

El trayecto aún es seguro, porque no se registran robos ni agresiones.  Sin embargo, incluye varios obstáculos como el cauce que hay que atravesar para poder salir al barrio Roberto Gómez, donde el exceso de basura no es una buena bienvenida.

Aun así, en los caminantes hay un buen ánimo y buenos deseos, de tanto toparse comparten cierta familiaridad, y la sonrisa siempre al saludar.

 

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