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Hermógenes, el niño que emprendió el viaje de su vida junto a monseñor Madrigal

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Hermógenes, el niño que creció a la par de monseñor Madrigal, es hoy la referencia de una familia que le quiere y admira. Foto: Cortesía.

Hermógenes García era un niño de 12 años cuando conoció a un cura peregrino originario de Chinandega y se puso a sus órdenes, porque quería formar parte de sus viajes, sin saber que en ese mismo momento había iniciado el viaje de su vida, ser asistente de monseñor Nicolás Antonio Madrigal y García, el “santo” de Nueva Segovia.

El encuentro ocurrió en Ocotal, cuando aquel niño, hoy de 75 años, ingresó al colegio Padre de las Casas, ubicado en la casa parroquial y fundado por Madrigal, recuerda don Hermógenes, la persona más cercana del monseñor en sus últimos 23 años de vida.

Don Hermógenes fue tan cercano a monseñor Madrigal, que escuchar su testimonio de propia voz, es un verdadero privilegio.

LAS MULAS Y LA EDUCACIÓN

Relata que en esa época, mediados del siglo XX, se viajaba a lomo de mula. Visitaban los poblados de Murra, Macuelizo, Dipilto, Santa María y Ococona. Acompañaba a Madrigal para impartir la misa a los habitantes de esos pueblos y muchas veces lo hacían bajo la sombra de los árboles.

Lo recuerda como un señor “incansable”. “A veces dormía y a veces no, sólo vivía escribiendo y escribiendo”, relata. La precocidad literaria de Madrigal quizá se debía a su otra profesión, el periodismo, cuya carrera ejerció en León, donde dirigió un semanario católico en 1922.

El “santo” también era alguien preocupado por la educación de los feligreses. Don Hermógenes recuerda que Madrigal les decía, “nadie nace aprendido”, pero recalcaba que, “a él no le gustaba que nadie se quedara terco”, porque “gallo viejo podía bailar en cualquier solar”, refiriéndose a que era bueno aprender algún oficio.

EL CURA DE LAS HIERBA

Pero monseñor Madrigal no sólo se preocupaba por el rescate de la historia, también era “arrecho para la medicina natural”, sigue relatando don Hermógenes.

Las personas llegaban quejándose de dolor en el pecho o el estómago y Madrigal “se iba para su consultorio a preparar un brebaje, y ya le traía: Te vas a tomar esto y esto, ahí me contás después”, les decía.

“Y así era, usted”, continúa Hermógenes. Madrigal no cobraba por ningún remedio que daba, aunque las personas estuvieran dispuestas a pagar, el sacerdote les decía que no era necesario.

El inseparable acompañante de Madrigal recuerda que en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción había un jardín botánico para curar casi todos los males, “ahí tenía unos arriates (área), ahí tenía un jardín de distintas clases (de plantas medicinales)”, recuerda.

PARTIDA Y MEMORIA DE MONSEÑOR MADRIGAL

El 18 de marzo de 1977, Monseñor Nicolás Antonio Madrigal falleció, luego de sufrir padecimientos que lo aquejaban.

Don Hermógenes, quién lo acompaño por décadas, estuvo con él 3 días antes de su muerte ayudando a las monjitas en lo que necesitaban.

A 41 años de su fallecimiento, las personas de Ocotal lo recuerdan como un santo, un párroco que edificó capillas y restauró iglesias, que recuperó parte de la historia de Nueva Segovia, hizo milagros y que llevó el evangelio a todos sus pobladores.

De todo eso puede dar fe don Hermógenes, quien, animado por buenos amigos, brindó a este reportero de Qué tal Ocotal la entrevista que nunca le dio al abuelo, Alfonso Malespín.

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