El maestro gentil que educó a Ocotal y llama las cosas por...

El maestro gentil que educó a Ocotal y llama las cosas por su nombre

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El maestro Jorge Calderón Gutiérrez impresiona con su lucidez, que debe a “su buena conciencia”. FOTO: Wpr

Gracias a este maestro, la educación secundaria llegó a Ocotal, la ciudad tuvo su primera orquesta, los pobres pudieron ir a clases, los deportes y las artes se popularizaron. Es don Jorge Calderón Gutiérrez, uno de los personajes más importantes de la historia del pueblo.

Don Jorge logró la instalación de la educación secundaria en el pueblo en 1962 y que estudiantes de escasos recursos económicos ingresaran.

Además hizo accesible todos los deportes y expresiones culturales, de manera que dejaron de ser de élite.   Fue creador de himnos tan importantes como el del instituto de secundaria y trascendió como el poeta de los “200 pesos”.

ORQUESTA DE CHECOSLOVAQUIA

Ocotal además tuvo su primera orquesta, que se adquirió nada menos que en ¡Checoslovaquia! “Eran años donde no habían tambores, pero ¡ni de juguete!”, advierte don Jorge Calderón Gutiérrez, un ocotaleno que se adelantó a su tiempo y que a sus 90 años sigue tan activo como en sus años mozos.

Don Jorge fue el primero en tener más de dos carreras,  pues antes de  ser profesor, compositor, escritor e historiador,  se recibió como  ingeniero civil.

Cuando él se bachilleró en Diriamba, no tuvo muchas opciones para escoger  profesión ya que en Nicaragua, para entonces, solo habían unas cuantas carreras como Ingeniería Civil, Medicina, Derecho o Farmacia, de modo que se decidió por la primera.

Pero él no sólo es admirado y querido en el pueblo por su intelecto, sino también porque permitió que muchos estudiantes sin recursos estudiarán, en una época donde solo lo podían hacerlo los de familias pudientes.

GRANDES MAESTROS

Antes de fundar el instituto de secundaria, él recuerda que los estudiantes, apenas terminaban la primaria, iban a ordeñar vacas o bien se dedicaban a oficios como ayudantes de albañiles y carpinteros. No seguían estudiando.

Y las mujeres iban a la casa.  “A la cocina o sino a parir, y yo quise cambiar eso”, recuerda.

“Como director del Instituto trabajé tres años gratis junto a un staff conformado por 20 personas, las busqué con cierta solvencia económica, porque no íbamos a ganar ni un centavo, tenían que ser responsables y con conocimientos, y los encontré”, reitera.

En cinco años formaron todos los cuadros deportivos y culturales, incluyendo un coro con 32 voces, y compuso el himno del Instituto.

Tras dejar el instituto, el profesor continuó su labor. Apoyó a la escuela de monjas y les consiguió 34 profesores gratuitos para su plan de enseñanza y luego fundó un colegio superior mixto, donde podían estudiar mujeres y hombres.

FACILITÓ BECAS ESTUDIANTILES

Y por si fuera poco, estableció  becas para estudiantes sin dinero, beneficiando a alumnos y alumnas de diversas zonas como Mosonte y Susucuyán.

Por esa inclusión, enfrentó a las autoridades de educación.  Y tuvo que ponerse firme ante Somoza, a quien no quería por su represión, misma que él sufrió.  Los años 60 y  70, fueron décadas complicadas. “Los políticos son unos inútiles”, reitera don Jorge.

Don Jorge ya no da clases. Actualmente disfruta de la familia, de su esposa Alba María Gutiérrez y de su descendencia, pues el matrimonio procreó  cuatro hijos.

Él ha continuado escribiendo y componiendo música.  Hace cuatro años publicó un libro sobre la historia de Nueva Segovia.

El año pasado, lanzó un libro de cuentos y está terminando un libro dedicado a su amigo Leónidas Granados, el cual espera publicar en este año.

UN OCOTALEANO ACTIVO

A este activo ocotaleano nadie lo detiene. Aparte de escribir,  acaba de grabar 24 canciones, entre las que hay plegarias, boleros y mamba brasileña, etc.

“Hay de todo, para todos los gustos…”, subraya sonriendo.  Ahhh, con todo eso,  que como le gustaría que lo recordarán… pues indica que “más que me recordarán yo esperaría que el pueblo quisiera a los pobres como yo los quiero, por amor a ellos hice de todo, he hecho de todo,  y vale la pena”, remarca.

A las nuevas generaciones el ocotaleano les recomienda que   “abran los ojos, y llamen pan al pan,  vino al vino y a la mierda,  mierda”.

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