Jóvenes indígenas de Nueva Segovia aprenden inglés para mejorar sus vidas

Jóvenes indígenas de Nueva Segovia aprenden inglés para mejorar sus vidas

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Jóvenes de Nueva Segovia, como  José Ramón Vásquez López,  de 18 años, originario de la comunidad de San Antonio, en Mosonte, vieron cambiar su vida en días recientes, al aprender otro idioma.

José Ramón comenzó a levantarse más temprano y a caminar cuatro horas de lunes a miércoles,  para poder estudiar inglés, de manera gratuita,  en el Instituto de Liderazgo de Las Segovias (ILLS).

Mayor de cuatro hermanos, y de uno que viene en camino, se despertaba a las 4 de la mañana, se alistaba y caminaba dos horas para llegar al casco urbano y  luego dirigirse al Instituto donde recibía las clases de 10 de la mañana a 12 del mediodía.

BAJO SOL O LA LLUVIA

Eso hizo bajo el sol y lluvia durante casi 10 semanas. En ese trajín,  tuvo que dejar de lado las labores agrícolas matutinas que  le demandaba la siembra de maíz, maicillo, sorgo y yuca que es lo que cultiva su familia para sobrevivir, pues era  la primera vez que en el pueblo indígena se ofrecía un curso gratuito del idioma a los niños y a jóvenes campesinos y él quería aprovecharlo.

“Las oportunidades que se pierden no se recuperan, en mi comunidad  somos 700 personas, y nadie habla el inglés, no conocen el idioma, y yo sé que de esto puedo vivir en el futuro”, dice Ramón quien estudia secundaria a distancia todos los sábados.

Ramón asegura que  ya puede saludar y sostener una pequeña  conversación  con los extranjeros que llegan a Mosonte.  “Ya no me va a dar tanta pena”, resalta.

UN LARGO Y DURO CAMINO

Celia María Landero, de la comunidad Las Cruces, también lo cree, incluso refiere que ahora puede ayudarle a sus compañeros de clases y soñar con ser “otra persona” en el futuro.

Ella, de 20 años, caminaba hora y media, desde su comunidad,  y  luego tomaba un bus que le cobraba 10 córdobas  para llegar a su destino y recibir el curso.

“Gastaba 20 córdobas en total, por el bus. Y para mi familia esto era mucho sacrificio, un gasto grande porque vivimos de la siembra de maíz y frijoles. Soy la mayor de mis hermanos, y tengo la responsabilidad de ser un ejemplo para ellos y con el inglés puedo serlo, puedo ser otra persona”, reflexiona, tras adelantar que quiere ser maestra.

PUEDEN ATENDER A TURISTAS

Freddy Uriel Estrada, de  26 años,  también está animado tras el curso.  Él pedaleaba durante 20 minutos para recibir las clases pues vive  en La Huerta, zona ubicada a medio kilómetro del casco urbano de Mosonte.

Freddy ya salió de secundaria y piensa que con el curso podría hasta ser guía de los  turistas canadienses, estadounidenses  y británicos que de vez en cuando llegan al pueblo. Es decir que no descarta verse en el sector turístico, que anualmente deja a Nicaragua más de 600 millones de dólares según cifras oficiales.

“Si seguiré estudiándolo, puedo tratar con turistas, y vea ahora que en los empleos te piden manejar el inglés, y yo quiero estar a tono con eso, no puedo quedarme atrás”, comenta.

MÁS ALLÁ DE SER BILINGÜE

Alba Raquel Larios quiere ser una policía bilingüe, por eso la joven campesina también se animó con el curso.

La presidenta del Instituto de Liderazgo de Las Segovias (ILLS), Haydeé Castillo Flores,  explica que el módulo de inglés básico se realizó gracias al trabajo voluntario del estadounidense  Edward Craig, quien tiene una certificación para impartir el idioma en su país natal.

“Mi hermano Aldo Castillo lo conoció en Estados Unidos, porque él vive allá, y fue gracias a ese contacto que vino Edward a Mosonte a impartir el curso”, detalla.  El ILLS facilitó sus instalaciones y todo lo relacionado a la logística.

Se graduaron 21 en total, entre jóvenes y niños. “Aprendieron todo lo relacionado a verbos, vocabulario;  formas de saludar y de conversar, lo básico, yo utilicé una clase teórica-práctica, muy participativa”, refiere el profesor.

JÓVENES COMPROMETIDOS

De manera que los chavalos y chavalas además de ir a la pizarra debían hablar inglés en clase.  Edward  remarca que la mayoría lo hizo bien y no perdía ni un día.

“Puedo decir que me llenaron de más humildad.  Hubo uno que me faltó tres días seguidos a clases y yo le pregunté: porqué faltas? Pensando ah seguro es por flojera, pero me contó que le tenía que ayudar a su papa a recoger los granos básicos  y las hortalizas y por eso había faltado… oh dije asombrado, porque en Estados Unidos los jóvenes faltan a clases por ver su show favorito y no por trabajar en el campo ni por caminar una o más horas”, remarca Edward.

EL GRAN RETO

El profesor advierte  que el reto, para los  graduados en el curso, será el de continuar  practicando el idioma en su comunidad y en eso será vital el apoyo de sus familias.

Algunos padres como don Jacinto Florián, de la comunidad de San Antonio, concuerdan en que les darán seguimiento.

“Muchos padres como yo logramos llegar hasta  sexto grado y estoy seguro que en el pueblo queremos que nuestros hijos e hijas se preparen, el inglés les va a ayudar. Tengo una hija solterita,  Eva María, y no quiero que se me case, yo quiero que se prepare más en inglés y en el asunto de la computación”, ejemplifica.

Mientras tanto los chavalos y chavalas celebraron su fin de curso  con una pizza norteña  invitados por su profesor.

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