Incendios, un riesgo latente para la mitad de la gente en El...

Incendios, un riesgo latente para la mitad de la gente en El Jícaro

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Los incendios en El Jícaro, Nueva Segovia, amenazan los bosques pinares. Imagen: QTO.

Los incendios son un riesgo latente para el 51.1 % de la gente que vive en El Jícaro, eso significa que por cada 10 habitantes, al menos 5 están expuestos al fuego en el municipio, no importa en qué parte del mismo se encuentren, ni si huyen o si se esconden.

El dato aparece en el Mapa Interactivo de Vulnerabilidades y Amenazas del Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred), que podés revisar aquí.

OCTAVO CON MÁS RIESGOS

Según el mapa, de las 31,995 personas que viven en El Jícaro, 16,322 están bajo riesgo de incendio, la mayoría en 13 comunidades de  la zona.

Ese 51.1 % de personas expuestas al fuego ubica a El Jícaro como el octavo municipio con mayor riesgo de incendios de Nicaragua, por detrás de El Carmen (100 %), San Francisco Libre (100 %), San Francisco del Norte (100 %), El Crucero (71.09 %), San José de Cusmapa (59.39 %), Telpaneca (58.81 %), y Bonanza (55.43 %).

Pero, de dónde sale el fuego… datos de la Defensa Civil indican que principalmente de los incendios forestales.

CONDICIONES PARA INCENDIOS

Debido a la cantidad de bosques pinares, áreas de cultivo y maleza, así como la ubicación de los centros de población, los incendios representan una verdadera amenaza para las personas en El Jícaro, según los expertos.

Eso significa que hay lugares donde la única forma de sobrevivir sería evacuar, huir a otro lugar, y esto no es ninguna ficción, ya que en El Jícaro se han reportado incendios que duran más de 27 horas seguidas, tiempo en el que calcinan unas 1,500 manzanas de tierra, un área mayor que el centro del pueblo.

UNA CUESTIÓN VITAL

El riesgo no lo podemos reducir, pero sí la vulnerabilidad, cuidando el medio ambiente, es decir, evitando quemas, cuidando los bosques, teniendo buenas prácticas agrícolas, no cazar con fuego, entre otras buenas costumbres.

No se trata de romanticismo, hay que ser prácticos, como cuando aprendimos a  no jugar con fuego, después de todo, en El Jícaro es de vida o muerte para la mitad de la gente.

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