Fray Fernando Espino, el misterioso primer predicador de Nueva Segovia

Fray Fernando Espino, el misterioso primer predicador de Nueva Segovia

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El misterioso fray Fernando Espino era franciscano. Detalle de "San Francisco de Asís" (Zumbarán).

El hecho de ser un sacerdote misterioso en una zona de Nicaragua donde párrocos como monseñor Madrigal o el padre Odorico alcanzaron fama de santos, es en sí uno de los grandes misterios de fray Fernando Espino, el primer predicador de Nueva Segovia.

La vida de fray Fernando Espino es tan misteriosa, que el historiador Jorge Eduardo Arellano calificó su biografía como “rara”, y tenía buenas razones para pensarlo: poco se sabe de su juventud, sobrevivió donde otros morían, un encapuchado predijo su visita antes de desaparecer, se mantenía en ayuno, construyó dos iglesias en Guatemala, y fue el primer escritor de Nicaragua.

SÓLO COMÍA “HIERBITAS”

Su fecha de nacimiento es desconocida. Se cree que este descendiente de las islas Canarias nació en Nueva Segovia en la última década del siglo XVI, cuando Nicaragua era parte del Virreinato de Nueva España, en la Capitanía General de Guatemala.

Tampoco se sabe mucho de su infancia, ni cuándo partió hacia Guatemala, pero sí que llegó en el año 1626, y que lo hizo para trascender, según documentos de la biblioteca virtual del expresidente Enrique Bolaños.

Fray Fernando Espino, con fama de que nunca se acostó sin pedir disculpas o perdonar, de no juzgar por adelantado a nadie y de alimentarse generalmente con “hierbitas”, llegó a ser Superior del Convento de San Francisco en Antigua, Custodio de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de Guatemala, y responsable de la Comisaría Apostólica de la Reducción de los Indios Xicaques de la Taguisgalpa, es decir la zona del Caribe de Honduras y Nicaragua.

ASÍ SE FUNDÓ SU NATAL NUEVA SEGOVIA

Este último cargo fue el que permitió volver a su tierra al “primer sacerdote indigno de Nueva Segovia”, como él se hacía llamar, dado su carácter humilde.

Aquel regreso no estuvo exento de misterios. Un día dos indígenas de Nueva Segovia llegaron a Guatemala preguntando por él, estaban tan urgidos, que rápidamente fueron llevados ante el fraile nicaragüense. Le dijeron que tenía que ir cuanto antes a su tierra para bautizar a los “infieles”, ya que eran víctimas de una mala evangelización.

El fray Fernando Espino estaba decidido a ir, pero el clero dudaba, porque todo sacerdote que iba a la zona era “devorado” por los indígenas. Pero todo cambió cuando los mensajeros fallecieron de forma inexplicable, lo que tomaron como una señal prodigiosa.

OTRO HOMBRE MISTERIOSO

Después de un largo viaje, al que sobrevivió gracias a que sabía el idioma indígena xicaque, llegó casi muerto a Jalapa en 1637. Ahí lo esperaba un viejo octogenario, quien le dijo que un hombre igualito a él (blanco, con una bata de capucha y cordón a la cintura), había predicho su llegada seis meses atrás, para entonces desaparecer.

La existencia del hombre que precedió a fray Fernando Espino fue tan misteriosa como sus acciones, pues nunca dejaba rastros, lo miraban comer pero los alimentos se mantenían intactos, pasaba las noches en el bosque a la luz de una fogata pero a la mañana no había cenizas ni huellas donde había estado, y después del anuncio nunca lo volvieron a ver.

Diez años después de su exitosa misión, volvió a Guatemala a ocupar importantes cargos con los franciscanos y construir la iglesia El Calvario.

ADMIRADO

Espino regresó a Nueva Segovia entre 1667 y 1669, donde se inspiró para escribir obras en honor de sus coterráneos.

Fray Fernando Espino, admirado en los círculos religiosos de Centroamérica y España por su inteligencia, también tiene el honor de ser el primer nicaragüense en publicar un libro, y esto no es un misterio, lo hizo en 1674, ya con la primera imprenta instalada en la región.

Descrito como “piadoso y compasivo, cordialmente propenso a hacer el bien a forasteros”, murió en 1676, tras estrenar la iglesia de San Francisco en Guatemala, que también había mandado a construir.

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