El artesano que “convierte” en madera todo lo que ve

El artesano que “convierte” en madera todo lo que ve

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Don Abelardo muestra orgulloso una de sus creaciones. Foto: A. Aguilera.

Carros, personas, casas, escenas, no importa lo que sea, don Abelardo Pérez Díaz es el hombre que “convierte” en madera todo lo que ve.

Su taller y su casa, en Ocotal, están colmados de objetos “convertidos” en madera, como tractores, animales, piezas religiosas, o logotipos, como si se propusiera reponer cualquier cosa del mundo en su versión miniatura y hecha madera.

Don Abelardo, quien tardó más de 40 años en dedicarse  a su talento, ahora, a sus 59, repone el tiempo perdido, a veces se inspira tanto en  sus creaciones, que ni siente el paso de las horas.

Don Abelardo acaricia una de sus creaciones. Foto: A. Aguilera.

“Me gusta tanto que ni el tiempo siento. Mi esposa me dice: acostate mejor  y seguí mañana, cuando ella va a Estados unidos, yo amanezco trabajando”, dice a Qué tal Ocotal, mientras enseña algunas piezas terminadas.

Lo disfruta, pero llegar a este punto para él  no solamente no fue fácil, sino que además fue inesperado.

  • Para ganarse la vida este artesano aceptó trabajos en Nicaragua y Honduras que no le satisfacían, aún  si eran bien remunerados. Hace diez años, una promesa de empleo que nunca se materializó finalmente lo devolvió a lo que llama sus “raíces”.

Todo empezó cuando  era un niño en su natal Totogalpa. “Con un machetín,  a los ocho años, hacía los trompos y de lujo, luego las carretas de bueyes, tallados con navaja…”, recuerda.

Aquí muestra algunos de los llaveros que la gente le encarga. Foto: A. Aguilera.

Hoy,  cuenta con máquinas especiales, que con su don, le dan forma a casi cualquier trozo de madera, que él prefiere sean de especies finas.  En este proceso, compra parte de la materia prima en Managua.

Disfruta tanto su trabajo, que comparte conocimientos con una red internacional de artesanos, por eso advierte que no solo basta tener talento.

“Tengamos deseos, el que tiene deseos hace lo que sea. Lo que pasa es que a veces somos conformistas, trabajamos para ganar la tortilla de hoy no pensamos en mañana. Yo pienso ahora y en el futuro”, señala.

  • Cuando volvió a sus raíces, el artesano se dio seis meses para ver si valía la pena dedicarse a lo que le apasionaba. Y fueron más que suficientes. Hay épocas en que le sobran los pedidos, muchos de los cuales son trofeos o encargos personalizados.

Aun así, siempre está imaginando, diseñando, creando. Hasta planea establecer una exposición con sus creaciones e instalar un taller de enseñanza, en este año. “Todo se lo pongo a Dios y a la madre santísima”, confiesa.

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