Así enfrentan el cambio climático estas mujeres del norte de Nicaragua

Así enfrentan el cambio climático estas mujeres del norte de Nicaragua

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Doña Eda Rivera no sólo está mejor preparada para el cambio climático, también está mejor alimentada. Foto: Heydi Gómez Rivera (Cortesía).

El cambio climático ahora le preocupa menos a doña Eda Rivera, porque desde que aprendió a cultivar con el método biointensivo, en Quebrada Grande, Totogalpa, su vida es otra, además, ya no necesita caminar más de una hora para comprar sus hortalizas o fríjoles en el mercado, ni requiere que su marido lleve “algo” para comer diferente, cuando encuentra trabajo en esa comunidad del norte de Nicaragua.

A sus 51 años, además de dedicarse a la sastrería y hornar pan, doña Eda siembra tomate, cebollas, lechuga, malangas, zanahoria, ayote, chicoria, pepino, frijol, entre otros cultivos, con el método. Más de dos años en ese quehacer le han permitido garantizar alimentos orgánicos para autoconsumo.

A ocho kilómetros de Somoto, en El Porcal, San Lucas, la  joven campesina Erika Obando Ruiz, también cultiva  hortalizas con el método biointensivo, y dice que ahora tiene una mejor nutrición y más ingresos, porque vende el excedente de su huerto en ferias comunales, donde se gana unos 500 córdobas (15.5 dólares), por lo que los efectos negativos del cambio climático tienen un menor impacto en su familia.

Abono sin químicos industriales dan mejores alimentos. Foto: Heydi Gómez Rivera (Cortesía).
“LAS MUJERES NO SÓLO PARA LA COCINA SERVIMOS”

Erika, de 34 años, tiene año y medio con el cultivo biointensivo. “En mi comarca estamos 12 productores con el método, y las mujeres estamos bien metidas en esto, estamos demostrando que no sólo para la cocina servimos, porque también somos buenas en el campo… los hijos no nos atrasan, yo tengo dos niñas y siempre trabajo mi huerto cuatro horas al día”, destaca.

Favio Ruiz Díaz,  técnico del Instituto de Promoción Humana (Inpruh), que da asistencia técnica en la aplicación del método, detalla que trabajan con 70 productores, de los cuales 40 son mujeres.

Este grupo  es originario de  Somoto, San Lucas, La Sábana y Totogalpa, todos al norte de Nicaragua, son de escasos recursos económicos y cuentan con un área limitada de terreno. Pero también hay grupos en Moyogalpa y Altagracia en la Isla de Ometepe, y en el Refugio de Vida Silvestre Los Guatuzos, en Río San Juan.

Alrededor de 15 nuevos cultivos se han incorporado en los huertos biointensivos, en Nicaragua. Cada productor y productora beneficiada contabiliza a la fecha, más de dos ciclos productivos.

“Hablamos de camas (bancales o espacios destinados para la siembra) doble excavadas que tienen una proporción de 1.25 metros de ancho por 8 metros de largo, sin embargo la extensión de los huertos varía, hablamos de un mínimo de 3 camas, y un máximo de hasta 11 camas”, sostiene el técnico.

Según Ruiz, con el método, están logrando que se siembren los cultivos que más se dan en la propia zona y se tenga control de estos.

ADAPTÁNDOSE AL CAMBIO CLIMÁTICO

“Esto es adaptarse al cambio climático, porque incidimos en lugares con suelos secos.  Además se fomenta  entre los productores y productoras que trabajen con los conceptos de disponibilidad de alimentos durante todo el año y la utilización biológica, no química, para consumir alimentos sanos”, explica.

Precisamente el  huerto de doña Eda está ubicado en un patio con pendientes que, de no ser por la preparación de la tierra con el novedoso método, seguiría seco e infértil.

La pequeña productora cuenta que han logrado lidiar con ese suelo gracias a los abonos orgánicos que ha aprendido a elaborar con tuza de maíz y tierra; y  a la doble excavación  de 60 centímetros que realiza con una herramienta que nunca antes había usado: el bieldo, una especie de tenedor grande con el que escarban la tierra para para mejorar la textura y estructura del suelo, y ayudar a que las plantas se desarrollen de mejor manera.

“Antes sembrábamos plantas solo por sembrarlas, no les hacíamos profundidad, no se preparaba el suelo, y eso lo hemos cambiado,  ahora vemos que  la planta  viene con más fuerza y da más frutos, es más sana”, asegura tras precisar que se ha capacitado en escuelas de campos.

LAS MEDIDAS PERFECTAS: 60-30-10

Otra novedad del método es el intercambio de semillas criollas entre productores, el uso de semilleros, el asocio de cultivos, y el trabajo en equipo, pues toda la familia se involucra en el mantenimiento y siembra de cada huerto biointensivo.

Todos se apoyan, especialmente en las labores de doble excavación; elaboración de abonos,  biofertilizantes y riego, ya que el agua es escasa en las zonas de incidencia del método y toca extraerla de pozos comunales o bien recogerla durante el invierno.

En el caso de doña Eda, su hija de 11 años y su marido son su apoyo. Mientras tanto Erika, cuenta con el respaldo de su hija de 15 años y de su cónyuge.

Todo lo anterior es clave para desarrollar las medidas perfectas del cultivo biointensivo, la fórmula 60-30-10: 60 % de cultivos de carbono, 30 % de calorías y 10 % de vitaminas.

“Significa contar con un  60 % de cultivos de carbono, el cual se utiliza para hacer los abonos o composta y son los que aportan  a la familia  el maíz, el sorgo y caña de azúcar…”, explica Ruiz.

UN TOTAL DE 140 FAMILIAS ESTÁN MEJORANDO LA DISPONIBILIDAD Y EL CONSUMO DE  ALIMENTOS ORGÁNICOS EN SUS HOGARES, A TRAVÉS DEL CULTIVO BIOINTENSIVO EN EL NORTE Y SUR DE NICARAGUA. LA INVERSIÓN SUPERA LOS 490 MIL EUROS.

El 30%, los  productos que aportan calorías, “les llamamos los cultivos que están bajo tierra como  yuca, quequisque, malanga, entre otros. Y finalmente tenemos el 10 %, que es el cultivo de vitaminas, que son las hortalizas, tomate y cebolla”, menciona Ruiz, quien dice sentirse satisfecho con los avances obtenidos.

La directora de Inpruh en Somoto, Martha Blandón Calderón, concuerda con el técnico. Ella menciona que  están ejecutando el método biointensivo desde el año 2015 en el norte y sur del país, en consorcio con  Amigos de la Tierra España, Fundación Entre Volcanes (FEV) y la Universidad Nacional Agraria (UNA).

En esto cuentan con el financiamiento de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la Junta de Andalucía.

“Para nosotros como institución ha sido un reto por el hecho de que era una temática que no la veníamos trabajando… pero tenemos ya productores que están adoptando el método con acompañamiento técnico y con resultados exitosos”, reflexiona.

TORTILLAS DE COLORES

Los y las productoras no sólo cultivan alimentos orgánicos, también  han aprendido a elaborar nuevos platillos con lo que producen en sus huertos.

“Yo aprendí a cocinar el ‘rapidito’, esta es una comida que se prepara con ayote y maíz tostado,  y si quiero le agrego chicoria cebolla, tomate… queda como un guiso, rico”, dice, orgullosa, doña Eda.

El proceso es lento, pero los frutos valen la pena. Foto: Heydi Gómez Rivera(Cortesía).

Mientras, Erika ha aprendido a elaborar tortillas de colores y tortas de rábano o de yuca. “Las tortillas de colores son de masa y remolacha, incluso hago de zanahoria, a los niños les ayuda para combatir la anemia. También elaboro tortas con hojas de rábano o con hojas de yuca con tomate y cebolla picadita, masa y un huevo, son rápidas y fáciles de hacer, y todo sale del mismo huerto, no perdemos nada de lo que cosechamos”, refiere Erika.

Y mientras las mujeres aprovecharon el método biointensivo para demostrar que no sólo saben labores domésticas, los hombres no perdieron tiempo y se metieron en la cocina. “Con el método no hay lugar al machismo”, puntualiza el productor Santos Arnulfo Mejía Sánchez, de  La Pita,  Totogalpa, con una sonrisa pícara en su rostro.

MÁS ALIMENTOS ALIMENTOS, MENOS GASTOS

  • El productor Máximo René Hernández Díaz, de la comunidad  Los Copales, de Somoto, recomienda el método biointensivo porque implica más ahorro y el consumo  de alimentos que aportan calorías y vitaminas.
  • “Antes gastaba al mes 500 córdobas con la compra de abonos químicos, ahora no gasto nada porque en la casa preparamos el abono, tampoco compramos semillas para sembrar ya que las compartimos entre todos los productores y relacionamos varios cultivos, diversificamos”, analiza.
  • Pedro Antonio Ramírez Rivera, de  Quebrada Grande, Totogalpa, también lo sugiere.  “Si lo aplica podrá comer más variado, sano,  y podrá contar con suelos nutridos aunque viva en una zona seca”,  puntualiza.

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