“Cachita”, sus esquinas, y la historia de Ocotal vista desde la espalda...

“Cachita”, sus esquinas, y la historia de Ocotal vista desde la espalda de una guitarra

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El popular Jaime Olivas, en una de sus esquinas preferidas. Foto: A. Aguilera.

Don Jaime Olivas, “Cachita”, sabe mucho de Ocotal, pero no por la vista privilegiada que le dan las esquinas de Los Galos y Miscelánea Bessy, sino por todo lo que vio desde la espalda de una guitarra, tocando para populares grupos musicales de la segunda mitad del siglo pasado.

Lo primero que recuerda de Ocotal este viejo rockero, que para ser justos ni está tan viejo, ni parece rockero, es el rótulo que vio siendo un niño, cuando llegó de su natal Quilalí. Avisaba de una ciudad con nada menos que 4,000 habitantes, aunque hoy supera los 41,800, según los datos el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE).

  • “Éramos poquitos, y todos nos conocíamos, todos. Eran tiempos donde uno podía andar a cualquiera hora por las calles y no te hacían nada malo, no había robos, no había asaltos, nada de eso”, recuerda.

Fue ese Ocotal donde “Cachita” creció, y que dio vida a la nueva generación de artistas locales, atraídos por la explosión musical de The Beatles, Santana, los Ángeles Negros, los Bee Gees, entre otras bandas.

En Nicaragua, según “Cachita”, cada municipio tenía su banda musical, y en Ocotal, donde ya había trayectoria con la Orquesta de don Quintín Morales, sobresalían dos grupos de música electrónica: Los Yares, en honor al Río Coco, anteriormente conocido como Río Yara, y los Chack boys.

“Los Yares, lo integraban Luis Felipe Mantilla, Oscar Mantilla, Leonel Morales, César Castillo, Roger Ardón y yo. Y en los Chack Boys, estaban Moncho Peralta, Carlos Reyes (el cronista deportivo), Rubén Soza, Noel Marín, Modesto Olivas, el conejito Martínez, entre otros”, precisa “Cachita”.

A BAILAR, PERO DESPUÉS DEL CINE

Entre 1971 y 1972, las bandas de Ocotal se fusionaron, así surgió Little Green Apple, porque todos eran chavalitos de 16 años, y finalmente fueron conocidos como los Manzanas Verdes, con éxitos como “Mujer” o “En mi corazón estás”.

Se presentaron en “La cueva de los leones”, en casas particulares, o en fiestas de Mosonte (Mozonte), Quilalí, Jalapa, o Susucayán.  También eran populares en Somoto, Estelí, La Trinidad, Sébaco, y en Honduras, sobre todo en Danlí y El Paraíso.

  • En las puertas de los salones solía haber un cartel que decía: “Hombres pagan 10 córdobas y las mujeres, con una sonrisa”.  En otros departamentos la entrada costaba 20 córdobas. 

Por aquellos tiempos, recuerda “Cahita”, las fiestas iniciaban después del cine, a las 9:00 o 10:00 de la noche, hasta la madrugada. Eran cinco sets de música de una hora cada una, en los que cada banda tocaba ocho canciones.

“La gente tenía su mesa, era atendida por meseros, podías bailar todo el set, regresaban, y encontraban la mesa tal cual la dejaban, no como ahora que ni las sillas dejan”, dice entre risas.

En esa época, la sociedad era tan conservadora, que no era común ver a una mujer con la cerveza en la mano, ni fumando.  “Ellas tomaban jugo”, menciona.

LOS PRECIOS DEL PASADO Y LA MÚSICA ETERNA

“Una cerveza valía entre 1.50 y 2 córdobas; un nacatamal 2 córdobas; un medio pollo o pollo entero costaba entre 12 y 15 córdobas, porque no te vendían por piezas, eso no existía; y una media te salía a 20 córdobas”, precisa “Cachita”.

  • A los músicos no les iba mal. En esos años, por cada concierto les pagaban hasta 4,500 córdobas, equivalentes a 25 mil o 30 mil córdobas al cambio actual.  

Los años siguieron, el grupo se desintegró, los jóvenes dejaron el pueblo para estudiar, algunos incluso emigraron a Estados Unidos. Sin embargo, en los años 90 tres de los Manzanas Verdes, ahora “maduras”, se volvieron a juntar para grabar canciones. Incluso volvieron a tocar, a veces juntos, y otras, acompañando a otros músicos del pueblo, que retomaron su legado.

En la actualidad, “Cachita” sigue tocando la guitarra, pero aclara que también sabe tocar el bajo clásico de cuatro cuerdas. “Dejaré de tocar hasta que tenga fuerzas y habilidad”, indica.

Aunque sin duda su legado perdurará después de sus fuerzas, pues su hijo Jaimito le sigue los pasos con notoriedad.

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