El caballo intimidante que todos escucharon pero nunca nadie vio

El caballo intimidante que todos escucharon pero nunca nadie vio

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El caballo misterioso ha recorrido Ocotal, afirman algunos. Foto: A. Malespín.

Cuentan que un caballo se paseaba de noche por las calles del barrio Sandino en Ocotal, lo extraño  era que se escuchaba como si los cascos rechinaran en piedras o asfalto, pero los caminos eran de tierra.

Dicen que a eso de las 12 de la noche, cuando todos estaban dormidos, se escuchaba pasar por las calles al caballo corriendo y relinchando, algunas personas por el miedo, se tiraban la sábana encima y se ponían a rezar.

RELINCHABA FRENTE A LAS PUERTAS

Luego de haber asustado a toda la calle se oía al animal corriendo a lo lejos. Las personas curiosas salían muy temprano para ver la calle, y no encontraban ninguna huella. ¿Por qué no deja huellas?, se preguntaban.

Pero lo que más llamaba su atención era que el correr al caballo se oía como si las herraduras chillaran sobre concreto, cuando la calle no era más que polvo o lodo… y dicen que tampoco se escuchaba el mando de ninguna persona.

La gente se asustaba porque a veces el animal se ponía a relinchar frente a las puertas de madera y, de tanto hacerlo, parecía que se les venían encima. Algunos se acostaban y no salían hasta la mañana siguiente, otros se ponían a rezar.

EL VALIENTE

Un día, uno de los pobladores, cansado de tanto alboroto decidió, esperar al caballo para salir a la calle y correrlo. Esperó hasta la noche, y cuando todos estaban dormidos, se escuchó a lo lejos el trotar de un animal. Mientras el caballo se acercaba, el hombre, con más nervios que sueño, esperaba sentado cerca de la puerta de su casa; el sudor corría por su frente, estaba decidido a correr al espanto que no dejaba dormir a nadie.

“Cuando el animal pase frente la casa y se ponga a relinchar, lo saco corriendo”, pensó.

Y así fue, el animal que se acercaba como si algo lo venía siguiendo se detuvo frente a la casa y empezó a relinchar, los cascos crujían contra el suelo como si quebrara piedras, el hombre, tragándose su miedo decidió salir, abrió la puerta, y cuando estaba afuera… ¡no había nada!

NADIE VIO NINGÚN CABALLO

La calle estaba vacía, el viento soplaba cual película del viejo oeste llevándose matorrales y polvo. “¿Por qué no había nada?”, se preguntó.

El hombre, consternado, regresó a su casa y se dispuso a dormir. Al día siguiente le contó a los vecinos, quienes también se extrañaron.

En el barrio Sandino todavía es común encontrarse con escenas de ganado siendo pastoreado, o campesinos que llegan con burros cargados de leña para vender. En Ocotal aún se ven personas a caballo, así que no sería extraño que algún animal que se haya perdido, rondara en las noches por el pueblo, o por la imaginación de algunos pobladores.

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