El bailarín más famoso de Ocotal, 82 años y no para de...

El bailarín más famoso de Ocotal, 82 años y no para de bailar

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Don Marcos tiene 67 años como bailarín, y dice que sus hijos heredaron su talento. Foto: A. Aguilera.

A don Marcos Osorio, el bailarín más famoso de Ocotal, lo llena de asombro superar los 80 años de edad.  “Nací el 8 de febrero de 1936, parece mentira, vivir tanto”, dice mientras se queda pensativo para agregar: “¡sí, los he gozado!, para qué, no tengo arrepentimientos…  el baile, gracias a Dios, me ha llenado el alma”, sostiene.

Fuera de las pistas de baile, don Marcos pasa sus días con calma. Vive del alquiler de un cuarto, y ocupa uno en su casa, que ha dividido en dos. Un lado lo destina para colgar sus fotos y reconocimientos, el otro, para dormir, ver televisión y, por supuesto, escuchar música y bailar.

Junto a su cama sobresale una enorme grabadora, puesta en una mesa de madera, con todos sus discos favoritos: cumbias, boleros y la  música tropical colombiana, con ¡Los 50 de Joselito!

Resalta que ama las cumbias, aunque reconoce que “Vereda Tropical” es una de sus favoritas. “Es un bolero”, precisa, saboreando  cada una de las letras de dicha frase.

BAILARÍN DE NACIMIENTO

Empezó a bailar a los 15 años de edad. No tuvo maestro, pero el ritmo lo traía de nacimiento. Lo que hacía era escuchar la música e ir  ideando los pasos, que luego serían los que deleitarían a todos, especialmente a sus amigas, que  lo esperaban sin falta en las fiestas.

La Casa de Cultura, el Polideportivo, las Noches Segovianas, El Parqueo, y hasta la Ruta Maya, figuran entre sus escenarios.

“Gané muchos premios, gané primeros lugares”, recuerda. Y asegura que hasta le hacían rueda.

“Es que uno tiene que bailar coordinado y de acuerdo al son, y disfrutar, eso es todo, ¡ah, y no tener pena!”, insiste, mientras repite su movimiento característico de cierre de cada baile: tirar sus brazos a un lado y quedarse quieto, a la espera de los aplausos.

PANTALONES DEL AÑO ‘69

Pero no solo su talento llama la atención en don Marcos, su forma de vestir también atrae. Por ejemplo, sigue usando pantalones de sastre, a medida, que estuvieron de moda a finales de los años 60, porque se siente cómodo.

Además le enfatizan la cintura. Él les incluye dos bolsas de zíper frontales, para que se vean exóticos en sus presentaciones.

“Desde el 69 los uso así, y los mando a hacer”, menciona entre risas luego de indicar que, tras una enfermedad, baila “al suave” y descansa más.

VIDA PARA TRABAJAR Y BAILAR

Pero no deja de trabajar. Los martes y jueves barre el patio y saca la basura en un salón donde cortan cabello, porque “no me gusta ser haragán, hay que ocupar el tiempo”.

A futuro don Marcos ve la vida animado, con suerte, según dice, espera seguir bailando, y quizás  compartir un son con la Adelita Aguilera.

También quiere volver a dar clases de baile. “Los jóvenes deben bailar con la buena música, yo no soy santo, pero en virtud de bailar ese reggaetón, mejor que no bailen, deben aprender con la buena música”, puntualiza.

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