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Amor de madre: La licenciada que volvió a estudiar en primaria por su hijo

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Esto es amor de madre. Chepita Lovo dejó su título de Comercio Internacional para ir a primaria con Fer. Foto: A. Aguilera.

Esto es amor de madre: Todos los días se levanta a las 5.00 de la mañana para alistarse junto a su hijo, dejar hecho el almuerzo, y llegar puntual a la escuela Aurora González, de Ocotal, donde ambos reciben clases de quinto grado.

Chepita Lovo no es ninguna iletrada, es una licenciada en Comercio Internacional, pero dejó de trabajar y alquiló una parte de su casa, para dedicarse de lleno a su hijo, Fernandito, diagnosticado con cuadriparesia, un tipo de parálisis que debilita su capacidad motora.

MADRE Y MANO DERECHA

El niño es brillante, entiende las lecciones, pero aún se le dificulta escribirlas. La tarea de Chepita es ayudarle en esa parte,  para que luego pueda repasarlas.

Este es un trabajo que  realiza desde que Fernandito está en segundo grado, porque quiere que  se prepare y sea independiente.

“Al principio fue difícil, los niños me quedaban viendo de manera extraña y me preguntaban por qué me quedaba en clases”, recuerda.

Chepita es una más en el aula de su hijo, Fer. Foto: Cortesía.

Pero con el tiempo, la vieron como una alumna más al punto que a veces comparte los juegos de educación física con ellos, que la incluyen en todo.

“Desde que me miran me saludan alegremente”, dice feliz, Chepita.

La faena escolar acaba por la tarde, ya que después de clases, descansa un par de horas, y luego retoma el estudio con las tareas del colegio.

Ni siquiera enferma, ella y su hijo, se desconectan de la escuela.

Meses atrás Chepita se fracturó un pie, pero se las ingenió para que Fernandito no se atrasara.

“Una mamá me ayudó enviándome las lecciones por WhatsApp, y un compañerito de Fer venía a la casa para trabajar con él, y así nos poníamos al día”, recuerda, agradecida por la ayuda.

COMPROMISO DOBLE

Chepita es una de  las madres más comprometidas con la educación de su hijo, según algunos maestros.

Y en el barrio donde vive, la admiran por su buen ánimo y su entrega, pues “es madre y padre” de Fer.

Para Chepita, su vida y su hijo son un regalo divino. “Tengo una gran lección de vida, mi hijo me ha enseñado que todo es posible con la ayuda de Dios, de la Madre Santísima, de mi mamá, mi hermano, mis vecinos, maestros y estudiantes… estoy agradecida”, sostiene la joven madre.

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