A esta mujer no le digan que no lo puede lograr

A esta mujer no le digan que no lo puede lograr

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Blanca Ortez Peralta, "Kayana", es un ejemplo de supervivencia y autosuperación. Foto: V. Aguilera.

Blanca Adriana Ortez Peralta va contra todo pronóstico. De niña le costó hablar. Ella afirma que no conseguía pronunciar bien su nombre y cuando sus vecinitos se lo preguntaban, decía “Kayana” en vez de “Blanca Adriana”. 

Pero venció la dificultad y aprendió a pronunciar correctamente las palabras. A los 22 años, tuvo cáncer de piel, en estado terminal, y los médicos de entonces, le daban solamente tres meses de vida.

Su tratamiento era día de por medio y le tocaba viajar a México para continuarlo.  El cáncer “bajó” a estado dos, y finalmente lo venció.

“Tuve el apoyo de toda mi familia, de mis tíos, mis primos… fue un milagro sobrevivir”, dice a Qué tal Ocotal, tras atribuir la recuperación a su fe, pues es devota de monseñor Madrigal y de la Sangre de Cristo.  

Luego, casada, quiso ser madre a pesar de que su médico le sugirió que era un riesgo, y hoy su hijo ya va a la universidad. ¿Allí dejó de sorprender?, La verdad que no.  En los últimos tres años, Kayana, a como se le conoce en el pueblo, retomó como negocio lo que ama, la cocina, que complementa con la repostería.

TODA UNA “CHEF” DESDE LOS OCHO AÑOS

Quizás una de las personas que más influyó en esa pasión fue su “mamá Blanquita”, de origen hondureño, que, en la Finca San Fabián, ubicada en Dipilto, la deleitaba a ella y a sus primos con platos hondureños y nicas.

Kayana recuerda los frijolitos refritos, el gallopintito con el punto de la abuelita, las cuajaditas a las tres de la tarde, las almendras en miel, por nombrar algunos.

Y caló tanto en ella ese talento, que, a los ocho años de edad, hizo su primer pollo y arroz para sus hermanos pequeños.  “Me quedó bien”, asegura, sonriendo.  Y desde entonces no paró de “afanar” en la cocina, sin recibir curso alguno, y siempre “reinventando platos caseros, tradicionales”, a pesar de haberse graduado en Trabajo Social. 

LÍNEAS DE TÉ Y DE JALEAS

Cada semana, elabora tortas caseras como la de maíz, canela y naranja. Dice que comenzó con cinco a la semana, y ya vende más de 20.

  • También incluye algún dulce de su niñez, como la papaya cristalizada y el almíbar, además, mantiene de forma permanente los frijolitos refritos, gallopinto empacado, y carne fría. 

Sumando su línea de té medicinales, como su famosa leche dorada, y la de mermeladas de chiltoma, tomate, chile dulce, tamarindo, jengibre, etcétera, que ella misma elabora.

Sus clientes no solo son de Ocotal, sus productos son buscados por gente de Jícaro, Jalapa y Murra. Incluso en Managua ha colocado parte de lo que produce.  

“Ocotal está lleno de emprendedores, y no me puedo quejar, tengo la dicha, la bendición de que la gente me busca. Con este emprendimiento puedo ayudar a quien yo quiera, lo que gano ni siquiera es para mí, es para ayudar”, refiere.

SU PROYECTO MÁS RECIENTE

Para este año, su meta es mantener lo que ya hace, pero agregando un nuevo proyecto, “Kayana´s Carnes y Más ”, donde seguramente seguirá sorprendiendo.

“Para emprender te tiene que gustar. Ese es el éxito. En mi caso, además soy cuidadosa con la calidad. Me gusta que la gente quede satisfecha y me diga: ‘me gusta’”, reflexiona está ocotaleana, a quien nada la detiene.

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