El padre Jaime fue el párroco de los jóvenes

El padre Jaime fue el párroco de los jóvenes

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Padre Jaime Valdivia. Foto/Facebook.

Cuando Cecil Lovo Peralta escucha canciones de Juan Luis Guerra, inevitablemente se acuerda del fray Jaime Valvidia, “El padre Jaime”, recientemente fallecido en Estelí, víctima de la pandemia de COVID-19.

A ella se le vienen a la mente los retiros espirituales donde participaba con otra decena de jóvenes, que en ese entonces formaban parte de la Comunidad Agustiniana de Ocotal. De eso, hace más de 20 años.

  • La comunidad la creó el padre con la Niña Iris, con quién le unía la devoción religiosa, la amistad y la alegría por la vida.

Los retiros los organizaban ambos, de manera que, lejos de ser aburridos, eran entretenidos, porque se conjugaban con oración, reflexión y, por supuesto, baile y teatro.

“Yo nunca superé al padre en el baile, él tenía sus pasos exóticos. Recuerdo que nuestra coreografía era: ‘Viene a pedir mi mano viene…’, del cantautor dominicano, aunque al padre le gustaban todas sus canciones. Él amaba la energía de los jóvenes, las ocurrencias de nosotros, y siempre nos daba luz verde, nunca nos hizo sentir culpables por expresarnos y esto no era usual en ese tiempo. Todo era aprendizaje con él”, dice Cecil, quien destaca en la ciudad como emprendedora y por las causas sociales que apoya, como la lucha contra el cáncer.

Paula Marín cuenta que en uno de los retiros aprendió a bailar “Ojalá que llueva café en el campo”, y menciona que, gracias al padre, definió lo que quería ser en la vida.

  • En Estelí, el padre Jaime trascendió con la fundación de la orden de los Monjes Contemplativos Albertinianos y porque fue promotor de la beatificación del padre Odorico D´Andrea.

Paula, hoy día es psicóloga, forma parte de la fraternidad Secular Agustina Santa Mónica de Ocotal, y del Consejo Latinoamericano de Fraternidades Agustinas.

EL CORO Y LAS OBRAS SOCIALES

El padre Jaime Valdivia y parte de su grupo en Ocotal, Nueva Segovia.

Y es que la comunidad superó a cualquiera de la época, y caló en cada uno de sus integrantes.

Toñito Lovo, menciona que para él fueron inolvidables las reflexiones sobre el perdón, sobre la vida de la Virgen María y de San Agustín, que se tenían en la congregación. Toñito, en la actualidad sigue siendo un devoto activo, y es experto en arreglar altares religiosos.

El padre también trascendió con la formación del coro conformado por los jóvenes de la orden, y con obras sociales que se organizaban en la comunidad.

El coro era dirigido por el padre, y el “órgano” estaba a cargo de Linda Ana Rivera, la más experta en el instrumento.

El coro debutó en el mejor palco de la ciudad: la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción, y allí se perfeccionó.

  • El padre Jaime también cantaba y animaba. Además, era buen consejero, paciente y siempre apostaba por la tolerancia y la negociación.

De eso da fe, Mayrita Ramos. “Yo acudía al padre para que me aconsejará, me escuchaba por horas, y sentía calma… mi recuerdo en la comunidad, es que todos nos queríamos como hermanos (y el padre con la Niña Iris influyó en eso)”, refiere.

Hoy día, Mayrita es toda una empresaria en el ramo pastelero y lamenta la muerte del padre.

¿Y QUÉ PASÓ CON EL RESTO DE JÓVENES?

La mayoría tiene su profesión y además emprenden, son madres y padres de familia centrados en la fe.

Algunos viven fuera de Ocotal, pero donde estén, saben que los unió un padre que al final de cada encuentro, recordaba: “Nos hiciste señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.

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